DE QUIÉN ES UN PERSONAJE

DE QUIÉN ES UN PERSONAJE

Cuando un personaje escapa de las páginas: derechos de autor sobre personajes literarios

Beatriz Álvarez Díez · Antesala Ediciones

Los personajes nacen en las páginas. Pero algunos terminan viviendo mucho más allá de ellas. Y cuando eso sucede aparece una pregunta jurídica especialmente interesante: ¿cómo funcionan los derechos de autor sobre los personajes literarios?

Todos tenemos en la cabeza personajes literarios que han alcanzado una trascendencia inmensa, arrollando incluso al propio autor que los creó. Hablamos de Drácula (creado por el gran Bram Stoker); Sherlock Holmes (Arthur Conan Doyle) o Harry Potter (creado por J. K. Rowling). En todos estos casos, esos personajes han protagonizado, no únicamente las novelas para las que fueron creados, sino que forman parte de merchandising, carteles publicitarios, películas, adaptaciones, etc. Es decir, otras personas, distintas a sus creadores, han utilizado esos personajes para desarrollar nuevas obras, adaptaciones o productos vinculados a su imagen.

La propiedad intelectual recae sobre la creación y no sobre el soporte material (que puede ser un libro, una película, etc). Por su parte, podríamos definir el derecho de autor como la relación que existe entre el autor y la obra que ha creado. Y esto nos permite plantear una cuestión interesante: “si una novela está protegida como obra, ¿lo está también uno de sus personajes separadamente?”.

El Derecho también regula las posibles acciones de transformación, traducción, adaptación u otra modificación de una obra de la que resulte otra diferente. Por ejemplo, recientemente se ha estrenado en una conocida plataforma la película “Enola Holmes 3”, la cual desarrolla las aventuras de la joven hermana menor del conocido detective, Sherlock Holmes. Arthur Conan Doyle no creó ninguna hermana menor. En sus obras únicamente aparece un hermano mayor, Mycroft. Es un caso claro de lo que estamos proponiendo, ¿puede una tercera persona inventarse un personaje como Enola, aprovechando la notoriedad del famoso detective inglés?

En el caso mencionado, la creación de Enola supone la invención de un personaje, vinculado a uno ya existente (en este caso, su hermano, Sherlock). Pero, vamos un paso más allá, ¿sería posible utilizar el mismo personaje (Sherlock Holmes) para escribir otra novela?

Lo mismo sucede con las secuelas, precuelas, spin-offs o adaptaciones. Me viene a la cabeza Scarlett (1991), la novela de Alexandra Ripley escrita como continuación de Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell. La obra original había sido llevada al cine en 1939, con Vivien Leigh como Scarlett O’Hara y Clark Gable como Rhett Butler.

Scarlett fue posteriormente adaptada como miniserie televisiva, con Joanne Whalley y Timothy Dalton en los papeles protagonistas. La historia comienza después de los acontecimientos narrados en la novela de Mitchell y continúa la vida de Scarlett O’Hara. La obra recibió numerosas críticas, entre otras razones, por la transformación de los personajes respecto de los creados originalmente por Mitchell.

Crear un personaje es darle una identidad propia. Y esa identidad también puede tener consecuencias jurídicas

Y es aquí donde entra en juego el Derecho. Porque no es lo mismo utilizar un personaje creado por un autor vivo que recurrir a otro perteneciente a una obra que ya ha pasado al dominio público. Tampoco basta con saber que el autor ha fallecido: sus derechos de explotación no desaparecen con su muerte, sino que se mantienen durante el plazo establecido legalmente y pueden corresponder a sus herederos o a quienes los hayan adquirido.

Cuando ese plazo termina, la obra pasa al dominio público y, en términos generales, puede ser utilizada sin necesidad de solicitar autorización, puesto que los derechos de explotación se han extinguido. Sin embargo, dominio público no significa necesariamente ausencia absoluta de límites. Pueden subsistir determinados derechos morales y, además, alrededor de un personaje pueden existir otros elementos jurídicamente protegidos. Por eso, saber que una novela fue escrita hace cien años no siempre basta para concluir que podemos hacer cualquier cosa con sus personajes.

A ello se suma otra cuestión: ¿qué queremos hacer exactamente con ese personaje? No es lo mismo adaptar una novela al cine que continuar la historia allí donde terminó; imaginar qué sucedió antes de los acontecimientos narrados o rescatar a un personaje secundario para convertirlo en protagonista de una nueva obra. Hablamos habitualmente de adaptaciones, secuelas, precuelas o spin-offs, categorías que resultan muy claras desde el punto de vista narrativo, pero cuya calificación jurídica no suele resultar tan sencilla.

El derecho de autor contempla, entre los derechos de explotación, el derecho de transformación, el cual incluye la traducción, la adaptación y cualquier otra modificación de una obra de la que se derive otra diferente. Pero la existencia de una transformación tampoco resuelve por sí sola todas las preguntas. Habrá que determinar qué elementos de la obra original se utilizan, si continúan protegidos, qué derechos se han cedido y, especialmente en el caso que nos ocupa, hasta qué punto un personaje puede recibir protección como creación independiente de la obra en la que nació.

Porque tampoco todo lo que imaginamos puede quedar reservado para siempre a quien lo imaginó primero. Las ideas, los tipos y los arquetipos —el detective brillante, el héroe atormentado, los amantes imposibles, el niño que descubre un mundo desconocido— no se protegen del mismo modo que la expresión original y concreta de una creación. Determinar cuándo un personaje alcanza por sí mismo ese grado de individualización es precisamente una de las cuestiones que pueden plantear mayores dificultades.

¿Podríamos escribir hoy una nueva aventura protagonizada por Sherlock Holmes?

¿Podría otro escritor publicar una novela protagonizada por Harry Potter sin autorización de su creadora, J. K. Rowling?

¿Y continuar la historia de Scarlett O’Hara, como hizo Alexandra Ripley?

La respuesta no depende únicamente de que conozcamos quién creó al personaje o cuándo murió su autor. Antes de utilizar personajes, textos o universos creados por otros habrá que conocer qué queremos utilizar, cómo pretendemos hacerlo y qué derechos continúan vigentes.

Cada historia es diferente y también lo son los problemas jurídicos que pueden ir surgiendo. Si estás trabajando con personajes, textos o universos preexistentes y necesitas saber hasta dónde puedes llegar, puedes plantearnos tu caso en el Consultorio Legal de Antesala.

© 2026 Beatriz Álvarez Díez · Abogada y editora · Antesala Ediciones

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